La Lejía ha desempeñado un papel importante en la mejora de la higiene y la seguridad microbiológica del agua. Uno de los primeros usos documentados de la cloración para combatir una epidemia de fiebre tifoidea tuvo lugar en 1897 en Maidstone (Reino Unido). Desde entonces, la desinfección del agua mediante cloro ha contribuido a reducir numerosas enfermedades transmitidas por el agua y está considerada una de las intervenciones de salud pública más importantes del último siglo (Georgiadis et al., 2019).

La lejía se ha utilizado también con fines terapéuticos. Sus usos médicos se remontan a principios de 1900, cuando el químico inglés Henry Drysdale Dakin desarrolló la llamada "solución de Dakin", una disolución diluida de hipoclorito de sodio utilizada para la desinfección de heridas, y que se utilizó masivamente durante la primera guerra mundial como antiséptico en hospitales de campaña. En la actualidad, los dentistas siguen usando la solución de Dakin como antiséptico.

Aún hoy en día, para la desinfección de utensilios tan delicados como los biberones y tetinas de lactantes se recomienda el uso de productos con lejía.

La lejía se utiliza ampliamente en todo el mundo para ayudar a mantener elevados estándares de higiene. Gracias a su eficacia frente a una amplia variedad de microorganismos, continúa siendo una herramienta importante para la limpieza, la desinfección y la protección de la higiene.

Su uso se extiende a ámbitos tan diversos como el tratamiento de agua, la limpieza doméstica, las instalaciones deportivas, los centros sanitarios y determinados procesos de la industria alimentaria.

Durante más de un siglo, los compuestos basados en hipoclorito han desempeñado un papel importante en las estrategias de higiene y control microbiológico, contribuyendo a proteger la salud de las personas en múltiples situaciones de la vida cotidiana. Su versatilidad y eficacia explican que continúen siendo una de las soluciones de higiene y desinfección más utilizadas a nivel internacional.

El acceso a agua potable segura continúa siendo un desafío en muchas regiones del mundo. Actualmente, 1 de cada 4 personas todavía carece de acceso a agua potable gestionada de forma segura, lo que equivale a aproximadamente 2.100 millones de personas. 

Por ello, organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud destacan la importancia de la desinfección del agua para prevenir enfermedades causadas por microorganismos presentes en aguas contaminadas. De hecho, la OMS estima que mejorar el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene podría ayudar a prevenir alrededor de 1,4 millones de muertes al año en todo el mundo.

Las soluciones cloradas, como la lejía, forman parte de las soluciones utilizadas en programas de salud pública y en situaciones de emergencia para contribuir a garantizar la seguridad microbiológica del agua destinada al consumo humano  (World Health Organization, 2025).

Usadas de forma responsable, las lejías no suponen ningún riesgo para las personas. La lejía no debe mezclarse con ningún producto en su uso en el hogar son su mezcla con productos ácidos (como los productos antical, o el salfumán), y el amoníaco. La mezcla accidental de la lejía con productos ácidos genera vapores irritantes. Apartarse de la zona donde se haya producido el accidente y ventilarla adecuadamente solucionará el problema en pocos minutos. Las etiquetas de los productos comerciales ofrecen siempre información detallada sobre su peligrosidad, y las precauciones a adoptar durante su uso.

Algunas formulaciones más complejas de productos para la limpieza del hogar o el blanqueo de la ropa son susceptibles de producir irritación cutánea si el producto puro está en contacto directo con la piel durante períodos largos de tiempo. Como ocurre con otros muchos productos de limpieza, en el caso de una proyección accidental de producto sobre los ojos, debe procederse a un lavado con agua abundante y acudir a un especialista.

Es un hecho contrastado que el número de alergias en los países del primer mundo va al alza. Las causas exactas de este incremento todavía son objeto de debate, pero sí que parece probada su relación con la actividad humana en los países desarrollados.

Para los afectados por alergias al polen o los ácaros del polvo, es importante una higiene adecuada de los espacios domésticos. La limpieza frecuente de sábanas, cortinas, fundas de cojín y de sofás para la eliminación de las substancias que pueden desencadenar una reacción alérgica debe ser una práctica común.

En zonas húmedas, la presencia de moho representa un factor de riesgo adicional. Las esporas desprendidas por el moho pueden intensificar brotes de asma y otras enfermedades respiratorias, especialmente en niños. La lejía es el remedio doméstico más eficaz para la eliminación del moho, combinado con unas buenas prácticas de ventilación de los espacios confinados y húmedos.

La lejía es una solución eficaz para la limpieza y desinfección que, cuando se utiliza siguiendo las instrucciones de uso, se descompone y transforma rápidamente en sustancias presentes de forma natural en el medio acuático, principalmente agua y sales minerales.

Su eficacia, junto con su degradación relativamente rápida tras el uso, ha contribuido a que siga siendo una de las soluciones de higiene más utilizadas en hogares y entornos profesionales.

Como cualquier producto químico, debe utilizarse de forma responsable y conforme a las indicaciones recogidas en el etiquetado, contribuyendo así a minimizar su impacto sobre el medio ambiente.